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La Psicología de la gratitud forzada
🧠 Muchas veces, la sociedad nos "fuerza" a mostrar agradecimiento continuamente a pesar de no sentirlo realmente 🧠
¡Hola! En la Newsletter de hoy hablaremos de lo que se conoce como “gratitud forzada”, ese fenómeno en el que a nivel social nos sentimos obligados a mostrar agradecimiento para por lo que nos rodea aunque realmente no lo estemos sintiendo de verdad. Entenderemos cómo esto puede reprimir nuestros sentimientos y, como siempre, recomendaremos algunas lecturas y repasaremos la actualidad en el mundo de la Psicología.
— Natalia Menéndez, Pol Bertran
¿Qué es la gratitud forzada? 🧠
Los seres humanos contamos con todo un abanico de emociones que nos permiten orientar nuestro comportamiento. De aquellas que se experimentan de forma agradable una de las más poderosas es la gratitud.
La gratitud es una emoción que aparece cuando reconocemos y apreciamos algo positivo. Esta se acompaña de una sensación profunda de plenitud interior. En psicología se ha observado que la gratitud también puede constituir toda una actitud vital, permitiendo a las personas que la cultivan poner el foco en aquello que más valoran de sus vidas. Una de las razones detrás de esta filosofía radica en sus beneficios para la salud emocional. Cuando nos concentramos en aquello que va bien, incluso cuando se trata de cuestiones simples y cotidianas, parece que nuestro bienestar aumenta. De alguna forma, esta actúa como una suerte de escudo ante el estrés y la dificultad, evitando que el malestar se vuelva desbordante.
La fiebre de la gratitud se ha extendido en los últimos años. Son muchos los autores que hablan de ella y numerosos los libros de autoayuda que animan al público a aplicar esta actitud. Las investigaciones sostienen que, sin duda, el hábito de agradecer lo que tenemos ayuda a sentirnos mejor. Sin embargo, hay una cuestión de la que no se habla: ¿Qué ocurre cuando la gratitud deja de ser una elección para convertirse en un mandato?
La respuesta a esta pregunta podría resumirse en dos palabras: invalidación emocional. La psicología positiva mal enfocada ha contribuido a crear un clima de optimismo tóxico, de manera que se traslada el mensaje de que con una buena actitud todo se puede resolver. Sin embargo, son muchas las situaciones de la vida en las que conectar con la gratitud no sólo es difícil sino contraproducente. Sencillamente, hay momentos en los que lo más saludable es acoger las emociones difíciles.
El problema es que este discurso que promueve la gratitud forzada se ha viralizado con notable rapidez. Esto hace que, especialmente en personas con situaciones vitales complejas, el peso de la culpa se sume al dolor ya existente. Basta con pensar en alguien que puede estar sufriendo un duelo, una crisis laboral o incluso una enfermedad. En momentos como este, tratar de que las personas se sientan agradecidas puede ser altamente perjudicial para su salud mental. En escenarios como estos la persona puede sentirse obligada a silenciar sus emociones desagradables, convenciéndose de que no tiene motivos de peso para sufrir.
No es que en la dificultad no sea interesante revisar qué espacios de luz aún siguen vivos para refugiarse en ellos. El problema aparece cuando la gratitud se plantea como un deber moral que encubre lo que esa persona siente verdaderamente. Si transitar el dolor ya es una tarea desafiante en sí misma, esta puede volverse insufrible si además nos exigimos mantener el agradecimiento por lo que todavía sigue en pie.
La creencia que hay detrás de esta peligrosa tendencia sostiene que hay emociones “buenas” y “malas”. Así, se entiende que las primeras deben ensalzarse en detrimento de las segundas. La realidad es que todas las emociones deberían gozar del mismo grado de aceptación. Aunque es obvio que no todas son placenteras, lo que sí debemos recordar es que todas son necesarias. Cada emoción nos trae un mensaje valioso que debemos escuchar. Por ejemplo, la tristeza es necesaria para bajar nuestro nivel de actividad y concentrar nuestra energía en atender el dolor que sentimos.
Añadido a lo anterior, los seres humanos somos complejos porque admitimos matices. Nuestro mundo interior nunca debe percibirse en términos dicotómicos, pues existe una amplia escala de grises. Si aplicamos esto al concepto de la gratitud, esta emoción puede coexistir junto con otras como la tristeza y la rabia.
Si pensamos en un proceso de duelo podemos ver esto muy bien. Cuando alguien querido muere, podemos sentir agradecimiento por lo vivido, pero también es posible sentir al mismo tiempo mucha rabia y tristeza por no volver a verle nunca más. Eliminar una parte de la ecuación no beneficia a nuestra salud psicológica, todo lo contrario. Se ha observado que las personas incapaces de abrazar todo su espectro emocional tienden a elaborar de peor forma las experiencias adversas. Son más propensas a “engancharse” en comportamientos disfuncionales y a desarrollar problemas de salud mental porque no aceptan su experiencia interna tal y como es.
Por todo ello, antes de agradecer aquello que tienes movido por la culpa, pregúntate si a la vez hay algo hoy por lo que necesites llorar… ¡Está bien no estar bien!
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