El cerebro inflamado: una nueva frontera en la psiquiatría

🧠 Un estudio revela que, en algunos trastornos psiquiátricos, la inflamación cerebral no solo altera cómo pensamos y sentimos, sino también por qué ciertos tratamientos dejan de funcionar 🧠

Durante décadas, la psiquiatría ha buscado respuestas en los neurotransmisores y los circuitos neuronales. Pero una nueva línea de investigación apunta a otro protagonista silencioso: el sistema inmune. Un reciente estudio sugiere que, en un subgrupo de pacientes psiquiátricos, el cerebro se encuentra en un estado inflamatorio persistente que modifica su funcionamiento y reduce la eficacia de los tratamientos habituales. Comprender este fenómeno podría marcar un antes y un después en la atención en salud mental.

— Pol Bertran

Cuando la Psiquiatría empieza a hablar el idioma del sistema inmune 🧠

Durante décadas, la psiquiatría ha intentado explicar la depresión, la esquizofrenia o el trastorno bipolar mirando casi exclusivamente al cerebro: neurotransmisores, circuitos neuronales, conectividad funcional. Sin embargo, una pregunta incómoda ha ido ganando fuerza en los márgenes de la investigación: ¿y si, en algunos pacientes, el problema no fuera solo neuronal, sino también inmunológico?

Un nuevo estudio aporta una de las evidencias más sólidas hasta la fecha de que, en un subgrupo significativo de personas con trastornos psiquiátricos mayores, el cerebro parece estar inmerso en un estado de inflamación persistente. Y lo más relevante: ese estado no solo cambia cómo funciona el cerebro, sino también cómo responden los pacientes a los tratamientos habituales.

🧠 Más allá de los síntomas: dos cerebros distintos bajo el mismo diagnóstico

Uno de los grandes retos de la psiquiatría moderna es su heterogeneidad. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden presentar síntomas distintos, trayectorias opuestas y respuestas completamente diferentes a un mismo fármaco. Durante años se asumió que esto era una limitación inevitable de las categorías diagnósticas. Hoy, esa idea empieza a resquebrajarse.

En este estudio, los investigadores analizaron a cientos de pacientes con distintos trastornos psiquiátricos mayores utilizando una combinación poco habitual: resonancias funcionales para estudiar la conectividad cerebral y análisis epigenéticos de la sangre para observar cómo se regulan los genes relacionados con el sistema inmune. 

El resultado fue revelador. En lugar de un continuo difuso, emergieron dos grandes perfiles biológicos. Un grupo con un perfil inmuno-inflamatorio, caracterizado por señales claras de activación del sistema inmune. Otro grupo sin esas señales, con un funcionamiento inmunológico más cercano a lo esperado. Ambos grupos podían compartir diagnóstico clínico, pero sus cerebros (y su biología) eran distintos.

🔬 Cuando el sistema inmune deja huella en la mente

¿Qué define exactamente a ese perfil inmuno-inflamatorio? No se trata de una inflamación clásica, como la que aparece tras una infección aguda. Es más sutil y, precisamente por eso, más difícil de detectar. Los investigadores observaron:

  • Cambios epigenéticos que sugieren una activación excesiva de la inmunidad innata (la respuesta rápida del organismo).

  • Una disminución relativa de la inmunidad adaptativa, encargada de respuestas más específicas y reguladas.

  • Alteraciones en marcadores sanguíneos, como un aumento de neutrófilos y una reducción de linfocitos, un patrón típico de inflamación sistémica crónica.

Pero lo más interesante no estaba en la sangre, sino en el cerebro. Las resonancias mostraron patrones específicos de conectividad funcional asociados a este estado inflamatorio, especialmente en redes implicadas en la regulación emocional, la motivación y el control cognitivo. En otras palabras: la inflamación no era un fenómeno periférico, sino algo que parecía reorganizar la actividad cerebral desde dentro.

💊 Por qué algunos tratamientos no funcionan (y no es culpa del paciente)

Uno de los hallazgos con mayor impacto clínico del estudio apareció al analizar la evolución de los pacientes a lo largo del tiempo. Aquellos que pertenecían al perfil inmuno-inflamatorio mostraban una peor respuesta a los tratamientos psiquiátricos convencionales, incluidos antidepresivos y antipsicóticos.

Esto no significa que esos fármacos sean ineficaces en general, sino que pueden estar actuando sobre mecanismos que no son los predominantes en ese subgrupo de pacientes. Es como intentar arreglar un problema eléctrico cambiando piezas mecánicas: el enfoque no es incorrecto, pero no va al núcleo del fallo.

Este resultado ayuda a explicar una experiencia tristemente común en la clínica: pacientes que encadenan tratamientos, cambian dosis, combinan fármacos y aun así apenas mejoran. El problema, sugiere este trabajo, podría no ser la falta de adherencia ni la gravedad del trastorno, sino una biología distinta que requiere otra estrategia terapéutica.

🧬 Hacia una psiquiatría guiada por biomarcadores

Quizá el aspecto más prometedor del estudio es que estas diferencias no requieren técnicas invasivas ni extremadamente costosas para ser detectadas. Los investigadores demostraron que es posible identificar el perfil inmuno-inflamatorio combinando resonancia funcional cerebral y marcadores inmunológicos en sangre periférica.

Esta combinación abre la puerta a una psiquiatría más estratificada, donde el tratamiento no se elige solo por el diagnóstico, sino también por el estado biológico subyacente del paciente. En la práctica, esto podría significar que, en el futuro, algunos pacientes se beneficien de estrategias complementarias o alternativas:

  • Intervenciones antiinflamatorias dirigidas.

  • Cambios en el estilo de vida con impacto inmunológico (sueño, actividad física, alimentación).

  • Nuevos fármacos que modulen la interacción entre sistema inmune y cerebro.

No se trata de sustituir la psiquiatría actual, sino de ampliarla.

📚 Un cambio de paradigma silencioso

Durante mucho tiempo, la idea de que la inflamación pudiera influir en la salud mental fue vista con escepticismo. Hoy, empieza a consolidarse como una pieza clave del rompecabezas. Este estudio no afirma que todos los trastornos psiquiátricos sean enfermedades inflamatorias, pero sí demuestra que para un subgrupo relevante de pacientes, el sistema inmune forma parte central del problema.

La implicación es profunda: entender la mente humana exige mirar más allá de las neuronas. El cerebro no vive aislado; dialoga constantemente con el cuerpo, y ese diálogo puede volverse disfuncional. Quizá el futuro de la psiquiatría no consista solo en ajustar neurotransmisores, sino en aprender a escuchar las señales inflamatorias que el cerebro lleva tiempo enviando.

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